Una mezquina puja política distrae a Punilla de sus urgencias

Disputas egoístas por la presidencia de la Comunidad Regional exponen ambiciones personales mientras crecen los problemas locales que exigen gestión coordinada y respuestas colectivas urgentes.
Por Héctor Brondo

La política regional suele ofrecer escenas que, vistas de cerca, explican por qué muchos vecinos sienten que sus urgencias cotidianas quedan siempre para después.

La salida del exintendente de Capilla del Monte, Fabricio Díaz, hacia el gabinete de Martín Llaryora dejó vacante la presidencia de la Comunidad Regional Punilla. Un hecho administrativo, previsible dentro de la dinámica institucional. Sin embargo, lo que siguió fue una carrera de ambiciones personales que terminó desnudando una interna peronista sin disimulos y un radicalismo departamental atento a cada movimiento.

Trabajando de manera colectiva, al margen de las diferencias partidarias, la Comunidad Regional Punilla desarrolló acciones de manera coordinada. Parece que eso no va más.

El organismo que nuclea a municipios y comunas para gestionar obras y fondos regionales se transformó, de pronto, en un trofeo político. Quién lo presida no sólo ordena la agenda institucional: envía señales de poder territorial hacia adentro y hacia la Provincia.

Al ripio

En ese marco, las declaraciones del intendente de Cosquín, Raúl Cardinali, y las críticas del presidente del radicalismo departamental, Darío Larrea, expusieron algo más profundo que una disputa de nombres. Una reciente reunión en la finca de Carlos Caserio, con apenas nueve intendentes presentes, y la propuesta de impulsar a Fabián Flores, jefe comunal de Mayú Sumaj, marcaron el quiebre definitivo de una convivencia que ya venía deteriorada.

Mientras tanto, en los pueblos del valle, la realidad corre por otro carril: afiliados del PAMI sin cobertura suficiente, caída de la coparticipación, morosidad tributaria en aumento y presupuestos municipales ajustados al límite.

La inminente foto de Cardinali con Manuel Calvo y la visita a Cosquín este viernes de Axel Kicillof aportan condimentos de alto voltaje, pero no resuelven lo esencial.

Punilla necesita coordinación, no pulseadas. Gestión compartida, no internismos. La salida, como casi siempre, es colectiva.

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