Cuesta abajo y a los tumbos

El rechazo abrumador en Diputados de los vetos presidenciales a la financiación del Garrahan y a las universidades públicas retrató el Gobierno de los hermanos Milei en su impotencia y desconcierto.

Por Héctor Brondo

La derrota sufrida por Javier Milei ayer en la Cámara de Diputados es más que un duro revés político; es una señal clara de que su proyecto de país, basado en una retórica de confrontación y anarcocapitalismo extremo, no encuentra eco en el Congreso ni en amplios sectores de la sociedad en este tramo enripiado de la gestión libertaria. 

En una jornada en la que los representantes del pueblo rechazaron por mayoría los vetos presidenciales a la financiación del Hospital Garrahan y a las universidades públicas, el oficialismo quedó retratado en su impotencia y desconcierto.

Este nuevo golpe certero no se limitó al ámbito parlamentario; en las calles, una multitud se expresó con fuerza, celebrando el triunfo de una oposición a la que unió el espanto y supo leer las necesidades de la mayoría, mucho más que el proyecto personalista de Milei y sus aliados. 

El rechazo a los vetos presidenciales no fue solo una victoria legislativa, sino una afirmación popular en defensa de lo público, de lo esencial: la salud y la educación.

Acompañando la caída

Pero no sólo la política se sacudió. Los mercados, como siempre atentos a la incertidumbre política, respondieron con una caída en la cotización de bonos y acciones, con el riesgo país disparado por encima de los 1.100 puntos y la cotización desbocada de todos los tipos de dólares. El mensaje fue claro: el gobierno de Milei sigue siendo un terreno minado, incapaz de generar confianza.

La derrota política en el Congreso retrató a la pareja presidencial en su impotencia y desconcierto.

Lo que hoy quedó en evidencia es que la política de descalificación y confrontación (desactivada temporalmente por necesidad) no es un camino viable. Mientras tanto, los diputados, entre ellos muchos oficialistas, demostraron una vez más que su falta de preparación y coherencia no les permite, siquiera, debatir con seriedad las leyes que nuestro país necesita para encarrilarse. 

Una tarde amarga para el gobierno, pero también un punto de inflexión que podría redefinir el futuro inmediato de la legión de libertarios improvisados que aceleran cuesta abajo en su rodada, antes de que sea fatalmente tarde.

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