
Por Verónica Baiz (*)
Cuando pienso en el proyecto Río Federal, no puedo evitar sentir que estamos frente a una de esas ideas que logran sintetizar identidad, memoria y futuro. Este proyecto no es solo una intervención cultural: es una declaración de principios. Anclarlo en los referentes del cancionero popular vinculados a nuestro festival es reconocer que la música no nace en el escenario, sino en los territorios, en los pueblos, en las historias que cada artista trae consigo.
Que en esta edición se sumen tres nuevos puntos de encuentro a lo largo de la costanera del Río Cosquín, alcanzando ya cuatro espacios emplazados, habla de una gestión que piensa en grande y a largo plazo. Me entusiasma especialmente la idea de que cada lugar de origen de los artistas tenga su espacio propio, con un tótem, un código QR, su música, su biografía y el relato de su tierra. Es una forma moderna y sensible de acercar el legado cultural a quienes caminan la costanera, de invitar a detenerse, escuchar y conocer.
El trabajo conjunto con municipios como El Carmen, en Jujuy, y General Mosconi, en Salta, refuerza ese espíritu federal que tantas veces invocamos y pocas logramos materializar. Aquí, Cosquín no se apropia del relato: lo comparte. Cede un espacio simbólico en su río mítico para que toda la patria esté representada.
Siempre creí que Cosquín fue, y sigue siendo, un punto de confluencia de la cultura popular argentina. Con el Río Federal, esa condición deja de ser una consigna abstracta y se vuelve tangible. Es un proyecto que se puede recorrer, escuchar y sentir, y que garantiza que el cancionero popular no solo se recuerde, sino que se viva y se transmita a las próximas generaciones.
(*) Secretaria de Turismo y Deportes de Cosquín.









