
El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, presentó ante el Comité de Relaciones Internacionales del Senado la estrategia de Washington hacia Venezuela en el nuevo escenario político abierto tras la salida de Nicolás Maduro, a quien definió como un “impedimento” para cualquier avance. La hoja de ruta contempla una transición sin plazos cerrados, el control de los ingresos petroleros y el uso de la fuerza solo como último recurso.
El gobierno de Donald Trump, según explicó Rubio, adoptó un enfoque pragmático y gradual, consciente de la fragilidad institucional del país y del poder que aún conserva el aparato estatal heredado del chavismo. El funcionario compareció en un contexto marcado por la existencia de un Gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez, una economía devastada y una crisis humanitaria profunda.
Proceso progresivo
Rubio insistió en que Estados Unidos no busca soluciones inmediatas ni imposiciones externas, sino un proceso progresivo que evite el colapso del Estado. En ese marco, defendió decisiones controvertidas como la venta urgente de petróleo, la supervisión de los ingresos y el diálogo con sectores que hoy controlan el poder.
“Estamos en una fase de transición y estabilización”, admitió, aun reconociendo las contradicciones de trabajar con actores que no serían aceptables a largo plazo.
La transición democrática ocupa un lugar central en el plan. Rubio citó precedentes históricos y sostuvo que figuras opositoras como María Corina Machado “pueden formar parte” del proceso. Sin embargo, evitó fijar un cronograma preciso, aunque anticipó que Washington espera avances en tres y seis meses.
Sobre las elecciones, advirtió que no serán viables sin garantías reales. El objetivo final, afirmó, es “una Venezuela libre, justa, próspera y amiga”, aunque reconoció que ese escenario llevará tiempo.









