Más que nunca, Nunca Más

A 50 años del comienzo de la noche más oscura de nuestra historia, la memoria, la verdad y la justicia sostienen la democracia frente a los negacionismos y la violencia.
Por Héctor Brondo (*)

A 50 años del golpe de Estado que abrió la noche más oscura de la Argentina, la memoria no admite atajos ni concesiones. No se trata de una efeméride más: es una herida abierta que, lejos de cicatrizar, todavía supura en los pliegues de una sociedad que no termina de reconciliarse con su pasado. Aquella irrupción brutal no solo arrasó con un gobierno constitucional; dinamitó la confianza, sembró el miedo y convirtió al Estado en maquinaria de persecución, tortura y muerte.

Jorge Rafael Videla y la junta militar que dio el golpe de Estado el 24 de marzo de 1976 jura sobre una Biblia.

Conviene decirlo sin eufemismos: fue un proyecto de disciplinamiento social que dejó marcas imborrables. Y también conviene reconocer que sus consecuencias no se agotaron en 1983. Persisten en los silencios, en las negaciones, en los intentos -cada vez menos disimulados- de relativizar el horror o de reinstalar discursos que banalizan lo ocurrido.

Advertencia y obligación

“Más que nunca, Nunca Más” no es una consigna vacía. Es una advertencia y una obligación. Porque el riesgo no está solo en la repetición mecánica de la historia, sino en su deformación interesada. Cuando se cuestiona la magnitud de los crímenes o se equiparan responsabilidades de manera falaz, se erosiona el consenso democrático construido con tanto esfuerzo.

La democracia, con todas sus imperfecciones, sigue siendo el único territorio posible para la convivencia. Pero no es un dato adquirido: exige memoria activa, verdad sin recortes y justicia sin concesiones. Exige, sobre todo, una ciudadanía alerta frente a cualquier intento de naturalizar la violencia política o de degradar las reglas del juego.

A medio siglo, la deuda no es solo con el pasado. Es, fundamentalmente, con el futuro. Porque recordar no alcanza si no se traduce en una defensa cotidiana de la paz, el respeto y la dignidad. Más que nunca, Nunca Más.

(*) Periodista. Editor de Punilla a Diario.

Compartir