La Memoria, la Verdad y la Justicia marcharon a paso de multitud

A 50 años del golpe de 1976, marchas masivas en Córdoba, en Plaza de Mayo y en todo el país reivindicaron la Memoria, la Verdad y Justicia frente a los discursos oficiales.

La Memoria, la Verdad y la Justicia no son consignas gastadas ni palabras huecas repetidas como ecos: son, 50 años del abismo, un pulso vivo que volvió a latir con fuerza en las calles argentinas. Y esta vez, como tantas otras, lo hizo a paso de multitud.

Este 24 de marzo, la Plaza de Mayo volvió a erigirse como epicentro simbólico de Memoria, Verdad y Justicia.

Desde Córdoba hasta Buenos Aires, donde la Plaza de Mayo volvió a erigirse como epicentro simbólico, las columnas humanas no sólo recordaron: interpelaron. No hubo allí una liturgia suspendida en el tiempo, sino una presencia activa, incómoda, necesaria. Porque cada marcha es también una respuesta a los intentos -cada vez menos sutiles- de relativizar el horror o de diluir responsabilidades.

Olvido peligroso

En ese contexto, el video difundido por el Gobierno nacional argentino, presentado como pieza de memoria institucional, terminó por tensar aún más el clima. No por lo que dice, sino por lo que omite: la sistematicidad del terror, la dimensión planificada del exterminio, la complicidad civil que sostuvo la maquinaria represiva. Allí donde la historia exige precisión, cualquier ambigüedad se vuelve peligrosa.

En Córdoba, la movilización tuvo esa densidad particular que otorga la memoria arraigada en el territorio, en sus historias mínimas y en sus heridas abiertas. Aquí, en Buenos Aires y muchas otras capitales y pueblos del país, la masividad desbordó previsiones y volvió a demostrar que hay fibras que, lejos de desgastarse, se tensan frente al olvido.

A medio siglo del golpe que inauguró la noche más brutal de la Argentina, la calle volvió a decir lo que algunos preferirían silenciar: que no hay reconciliación posible sin verdad, ni futuro digno sin justicia. Y que la memoria no es un ejercicio melancólico, sino una decisión colectiva que, pese a todo, sigue de pie.

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