
Héctor Brondo (*)
La derogación del Estatuto del Periodista Profesional no es un dato menor dentro del paquete de la reforma laboral aprobada anoche en la Cámara de Diputados de la Nación y una semana antes en el Senado. Es, en rigor, una señal política que trasciende lo estrictamente laboral para internarse en el terreno sensible de los derechos democráticos. La eliminación de la Ley 12.908 -que durante décadas estableció un marco específico para la actividad- supone despojar al periodismo de una protección que no era un privilegio corporativo, sino una garantía indirecta para la sociedad: la de contar con trabajadores de prensa con condiciones mínimas de estabilidad e independencia.

El argumento oficial se recuesta en la idea de “modernizar” y equiparar el periodismo a cualquier otra actividad. Sin embargo, esa simplificación desconoce que la información no es una mercancía más y que la tarea periodística cumple una función pública esencial.
Debilitar sus condiciones de ejercicio no sólo precariza a los trabajadores, sino que impacta en la calidad del debate público, en la pluralidad de voces y, en última instancia, en la salud del sistema democrático.
En ese contexto, la intervención del diputado nacional Luis Picat resultó paradigmática. Su justificación, deshilachada y carente de sustento conceptual, dejó al descubierto una preocupante liviandad frente a un tema de alta densidad institucional. Más que defender una convicción, pareció repetir consignas, eludiendo el análisis de fondo y desestimando las implicancias que la medida tiene para el derecho a la información y la libertad de expresión.
La política puede -y debe- debatir reformas. Pero cuando el razonamiento se vuelve raquítico y la mirada se reduce a la lógica de la coyuntura, el riesgo es mayor: se erosionan consensos básicos que costaron décadas construir. La derogación del Estatuto no clausura la discusión; por el contrario, abre un interrogante inquietante sobre el lugar que el poder le asigna al periodismo y, por extensión, al derecho ciudadano a estar informado.








