
Por Héctor Brondo (*)
La crisis hídrica que atravesó Villa Carlos Paz en pleno inicio de la temporada turística dejó al descubierto mucho más que un problema técnico coyuntural. La crecida extraordinaria del río San Antonio actuó como detonante de tensiones políticas, institucionales y territoriales que se arrastran desde hace años en el sur del Valle de Punilla. El agua, recurso vital y estratégico, volvió a funcionar como espejo de un modelo de gestión concentrado y de una región que creció sin una planificación verdaderamente integrada.

La interrupción del servicio afectó tanto a vecinos como a turistas y golpeó de lleno al principal motor económico de la zona. Mientras hoteleros y gastronómicos improvisaban soluciones de emergencia -con los camiones cisterna como ganadores circunstanciales-, emergió una pregunta de fondo: ¿puede una sola ciudad gestionar un sistema del que dependen múltiples localidades sin un esquema claro de corresponsabilidad?
Una disputa clásica
Desde 2021, Carlos Paz asumió la provisión y venta de agua en bloque a los municipios vecinos, consolidando un liderazgo regional que combina peso demográfico, infraestructura y poder político. Sin embargo, esa centralidad también genera recelos. Los intendentes del sur de Punilla reclaman una mirada regional y mayor intervención provincial, mientras que Esteban Avilés responde señalando la falta de inversiones y planificación de las comunas usuarias. El cruce revela una disputa clásica: quién paga, quién decide y quién asume los costos cuando el sistema falla.
Las paradojas geográficas -la toma de agua ubicada en Cuesta Blanca, el escaso uso del lago San Roque pese a su centralidad- refuerzan la idea de que el problema no es solo climático ni técnico, sino estructural. A esto se suma la historia reciente de la municipalización de los servicios, que fortaleció al Ejecutivo carlospacense pero también concentró responsabilidades.
En un contexto de cambio climático, incendios recurrentes y expansión urbana, la crisis expone la fragilidad de un esquema basado más en relaciones de fuerza que en acuerdos duraderos.
Si las aguas bajaron claras tras el episodio, en el plano político siguen turbias: sin planificación regional real, el conflicto está lejos de ser una excepción.
(*) Periodista / Editor de Punilla a Diario.









