
Por Héctor Brondo (*)
En una maniobra que vulnera los códigos no escritos que sostienen la convivencia parlamentaria, el Gobierno Nacional, a través de Patricia Bullrich y sus acólitos, introdujo modificaciones sustanciales al proyecto de reforma laboral apenas horas antes de su tratamiento en el plenario del Senado en el recinto del Congreso Argentino. No se trató de ajustes técnicos ni de precisiones formales: fueron cambios de fondo que degradan en extremo derechos elementales vinculados a licencias por enfermedad o accidentes, vacaciones, jornada laboral y otras conquistas. Lo hizo forzando tiempos, desnaturalizando el debate y desoyendo la regla básica de cualquier democracia deliberativa: discutir de cara a la sociedad.

La iniciativa -que de modernización no tiene nada y de regresión, casi todo- obtuvo amplia aprobación en la Cámara Alta. Pero la historia no termina ahí. Ahora la responsabilidad recae sobre la Cámara de Diputados. Allí se sabrá si los representantes del pueblo en el Poder Legislativo nacional convalidan este retroceso violento y brutal o si ponen un límite a la devastación de conquistas laborales que costaron décadas de lucha y organización.
Pasividad alarmante
Resulta igualmente alarmante la pasividad de las centrales obreras ante el atropello a punto de consumarse.
Frente a la supresión de derechos históricos, el silencio o la tibieza no son prudencia: son claudicación y connivencia. Así las cosas, mientras el Gobierno privilegia al poder económico concentrado, millones de trabajadores ven amenazada la protección mínima que equilibra la desigual relación entre capital y trabajo.
El debate que se abre en la instancia crucial no es técnico ni abstracto. Es político y moral. Cada diputado deberá definir de qué lado está: si del lado de quienes sostienen con su esfuerzo el sistema productivo o del lado de quienes conciben el trabajo sólo como una variable de ajuste. Porque el trabajo con derechos dignifica; sin derechos, somete. Y la dignidad no se negocia en la trastienda de un recinto ni de espaldas a la gente.
(*) Periodista / Editor de Punilla a Diario.









