
El reciente robo de las campanas de la Capilla Nuestra Señora del Rosario del Milagro, en La Falda -publicado por Punilla Informa– no solo es un acto criminal, sino también un desprecio absoluto por el trabajo comunitario y la historia local. Las campanas, piezas de bronce que durante años marcaron el pulso de la vida de la comunidad católica de la ciudad serrana, fueron sustraídas de manera premeditada, con la intención de despojar a los vecinos de un símbolo de pertenencia y de fe.
Este tipo de delitos, que no solo atacan la propiedad, sino también el tejido social de un lugar, es especialmente doloroso cuando se trata de un bien que representa el esfuerzo conjunto de una comunidad.
Como bien lo expresó Graciela Bertolotto, encargada de Cáritas y del merendero de la capilla, la pérdida es aún más angustiante porque las campanas fueron instaladas con el trabajo y compromiso de los propios habitantes del barrio.
Crisis de valores
Más allá de la tristeza y la impotencia que causa el hecho, este robo pone en evidencia una crisis de valores, un profundo desprecio por lo que tiene valor para otros. Las autoridades locales y los ciudadanos deben unirse en la búsqueda no solo de las campanas, sino también de un cambio de mentalidad que apunte a reconstruir el respeto por lo ajeno, por lo compartido y por lo que une a una comunidad.









